El método de investigación se llama pirámide invertida, y es creación y autoría de la Dra. Nora Ruoti.
Por qué invertida. La pirámide de Kelsen ordena las normas por jerarquía: arriba la Constitución, abajo los decretos y resoluciones. Es correcta, y no se discute — está en el Art. 137 de la Constitución Nacional. Pero es un orden de jerarquía, no un orden de trabajo.
La pirámide invertida es un orden de trabajo. Empieza por lo más específico —lo que el juez ya resolvió— y fundamenta hacia atrás hasta la Constitución. Son dos cosas distintas y no se mezclan.
Los siete niveles, en ese orden:
- Resolución del Poder Judicial en forma específica — qué piensa el juez que va a tener mi caso. La sentencia o auto que resolverá mi caso concreto.
- Jurisprudencia — la opinión de muchos jueces sobre el tema, y cómo se consolidó.
- Doctrina — el análisis de autores especializados en la materia.
- Leyes y sus reglamentaciones — las normas positivas que regulan la materia.
- Convenios internacionales — tratados y convenios ratificados por el Paraguay.
- Soft law — estándares internacionales que orientan la interpretación: OCDE, GAFI, GAFILAT, entre otros.
- Constitución Nacional — el fundamento y el límite supremo de todo el sistema.
La diferencia práctica es el orden. Primero se sabe qué resolvió efectivamente el juez, y recién después se construye la fundamentación normativa. La investigación tradicional hace el camino inverso y llega a la jurisprudencia al final, cuando el escrito ya está armado — y ahí es tarde para cambiar de estrategia.
Una vez que sabés lo que el juez ya dijo, podés decidir si estás de acuerdo o no, y fundamentar desde la base hacia arriba con solidez.
Es el método que ordena toda la plataforma: antes de litigar, mirá lo que el juez ya dijo.
Cómo se apoya cada nivel
La jurisprudencia —los niveles 1 y 2— es el corazón del producto y es donde está el grueso del corpus. Las leyes y sus reglamentaciones, los convenios y la Constitución sostienen la fundamentación. Y la doctrina también está presente, incluida obra de la propia Dra. Ruoti.
Es una plataforma en construcción: el método marca hacia dónde va, y las capas se van cargando y profundizando con el tiempo.
Una aclaración sobre la doctrina, que es una decisión y no una falla: el asistente la cita, pero el libro no se abre en el visor de documentos. Está impedido en el sistema, no es un descuido.
La diferencia es la misma que hay entre citar a un autor en un escrito y fotocopiarle la obra. Podés apoyarte en el análisis y saber de dónde sale; lo que no hacemos es repartir el libro.
Lo que no se mueve es la regla de verificación. El asistente no cita lo que no puede contrastar contra el corpus: si la jurisprudencia sobre un punto escasea, no rellena el hueco con un «según tal autor…» sacado de su conocimiento general. Dice que no tiene más que mostrar y cierra ahí.
Citar una fuente que no se puede verificar es el mismo riesgo que inventar un artículo. Preferimos el hueco señalado.
Y cuando cierra con las normas, lo hace en un orden que no es casual: primero la ley específica que regula el punto, después los tratados si aplican, y la Constitución al final como respaldo. Abrir citando la Constitución en abstracto y dejar la ley puntual para el final es el error que rompe una argumentación, y está marcado como tal.